Dos días después
New York
Lance
La mañana tiene una densidad extra: el aire en el vestíbulo de la empresa sabe a café frío y a expedientes sin clasificar. Karina me aprieta el brazo al entrar; su mano caliente contra la mía intenta anclarme. El ascensor se abre y Rose está en la recepción, impecable como siempre, y a su lado dos hombres de traje negro que se mueven con la seguridad de quien trae órdenes. Se acercan preguntando por algún accionista y un escalofrío me recorre la nuca.
—Señores, so