Dos días después
New York
Lance
Los últimos dos días habían sido un intento torpe pero necesario de volver a poner la vida en su sitio. Entre el jet lag, los niños llenos de energía y la casa patas arriba, Karina y yo apenas habíamos tenido tiempo para mirarnos con calma. Hoy, por fin, la rutina parece respirar.
Estoy tirado en la sala con los niños, viendo caricaturas, y mi cabeza flota en automático mientras Karina organiza cosas con Lupe. Entonces escucho sus pasos. Reconozco ese ritmo; no es