El mismo día
New York
Lance
Mi esposa me sacó, contra mi voluntad, de la sala de juntas. Quería quedarme, seguir ahí y seguir partiéndole la cara al imbécil de Michael; la rabia me quemaba por dentro como un hierro al rojo. Ahora voy en el auto tratando de sofocar ese incendio; Karina conduce en silencio, la mandíbula apretada, las manos clavadas en el volante. Cada semáforo se me hace una eternidad.
Al llegar a la casa me detengo en la entrada. Lupe está en el recibidor; sus ojos se abren al ve