El mismo día
Londres
Williams
Me sirvo un vaso de whisky de las botellas de mi estudio, intentando calmar la tensión que recorre cada músculo de mi cuerpo. Brindo en silencio, murmurando para mí: “A tu salud, Martha. Espero que estés en el infierno”. La ironía me arranca una sonrisa amarga.
Minutos después, mi esposa anuncia que Harry ha llegado. Sus pasos apresurados resuenan en el pasillo, y no puedo evitar que el corazón me golpee el pecho con fuerza.
—Harry, amigo —exclamo, acercándome con u