Capítulo Sesenta y uno.
Desde el momento que Sofía había escuchado a Lucero, supo que era cuestiones de minutos para que ingresaran en la habitación, no tenía fuerzas para enfrentar esa realidad cuando su mente aún era un torbellino, donde el pasado y el presente se mezclaban únicamente para torturarla, y con las pocas fuerzas que le quedaban, lo único que pudo hacer, fue ingresar al baño, donde mojó su rostro y cabello con abundante agua, tratando de crear la ilusión de que durante el tiempo que duró la discusión, el