Sofía pasó gran parte de la mañana siendo consentida por Alexander, quien no solo se encargó de hacer el desayuno, mientras ella se colocaba un antifaz de gel frío sobre los ojos, sino que también le hizo masaje en cada lugar de su cuerpo, en cada músculo, sin que ella se inquietara ni un poco, porque el tacto de Alexander se le asemejaba a un bálsamo deliciosamente helado, luego de estar expuesta al sol del mediodía, cada célula de su piel agradecida su cercanía y aunque sabía que su vida habí