Sofia dio tres pequeños golpes en la puerta, más por respeto, que por esperar que alguien le abriera, y cuando su mano fue a la manija, la puerta se abrió apenas unos centímetros.
— ¿Ya pagaste la cuenta? — fue lo que dijo Margaret, saliendo del cuarto, y cerrando la puerta tras ella.
— Hola, mamá. — rebatió a modo de reproche Sofia, olvidándose por escasos segundos de la presencia a su lado de Alexander.
— Ya te saludé cuando te llame por teléfono, ¿por qué siempre haces un escándalo de nada? —