—Cómo lo has dicho tío. —en una milésima de segundo los ojos de Liam centellaron, de eso incluso hasta Alexander fue testigo, tal parecía que el corazón de Sofía era tan blando como el de Riny, y Liam a Dios le daba gracias por ello, porque el corazón de su prima Jade, ese era tan duro como el de un Bach, tanto así que a pesar de los años transcurridos aún no perdonaba Derek, y quizás nunca lo hiciera. —Sí perdono o no a Dylan, solo el tiempo lo dirá, aunque no negaré que me gustaría que sea él