Y mientras Lyra cedía los derechos de su hijo, como quien estuviese regalando a un cachorro, Dylan estaba dentro de su automóvil a metros de la mansión Thompson, con la vista fija en los periodistas y con las ganas de atropellar a cada uno de ellos desbordándolo, aún tenía que ir a aclarar cuentas con el doctor Cáceres, mismo que había vendido la noticia de que su hija estaba embarazada, ¡¿cómo se atrevía a hacer aquello aquel hombre?!, en verdad no sabía con quién se estaba metiendo, pero él s