La Casa Blanca era un avispero.
El pánico se había apoderado de sus entrañas, desde el Despacho Oval hasta las entrañas del Pentágono. La imagen del Presidente Vance siendo escoltado a punta de pistola por su propio césped se había grabado en la retina de la nación, una pesadilla transmitida en vivo a millones de hogares. El Servicio Secreto, el FBI, la CIA, todos estaban en alerta máxima, la humillación de la infiltración y el secuestro era un motor brutal.
David Hayes y Benjamin Carter, con e