El eco del disparo aún resonaba en el esqueleto de la construcción abandonada, un silencio ensordecedor y tenso que se había apoderado del aire. El cuerpo de Isabella, atado a la silla, colgaba inerte. La sangre fresca formaba un charco oscuro en el suelo de concreto. Vance no se había movido, sus ojos fijos en el espantoso espectáculo, su mente luchando por procesar el acto brutal que acababa de presenciar.
Anastasia, por su parte, se movió con una frialdad impasible, como si la muerte de Isabe