Isidora miró los dos mensajes en su pantalla.
Rafael exigiendo su presencia inmediata.
Rossi ofreciendo su futuro.
No podía tener ambos.
Sus dedos se cerraron alrededor del teléfono. El metal frío contra su palma era lo único que la anclaba a la realidad. Todo lo demás era caos.
Tenía tres horas para prepararse para la reunión más importante de su vida.
O podía correr hacia Rafael y suplicar perdón por atreverse a brillar.
La elección era obvia.
Aterradora, pero obvia.
Isidora abrió el chat con