La luz del sol atravesó las cortinas grises como una aguja.
Isidora abrió los ojos lentamente, desorientada. El techo no era el correcto. Las paredes tampoco. Por un segundo, su cerebro buscó referencias familiares y no encontró ninguna.
Entonces lo recordó todo.
La gala. El baile. Los paparazzis. Diego. Matteo.
La puerta cerrada con llave.
Se sentó en la cama con el corazón acelerado. Su vestido rojo estaba colgado en el respaldo de una silla, como un recordatorio sangriento de la noche anteri