La oficina de Carmen Rivas tenía las paredes de quien lleva veinte años acumulando casos que importan.
No decoración. Estanterías hasta el techo con carpetas de colores que seguían un sistema que solo su dueña entendía completamente. Una mesa donde los documentos estaban ordenados por capas de urgencia, con la lógica interna de alguien que trabaja en varios frentes simultáneamente y que no puede permitirse perder tiempo buscando lo que necesita. El olor específico del papel de impresora mezclad