El nombre de Rafael Vidal tenía cuatro sílabas.
Isidora lo escribió en el bloc durante el trayecto de vuelta a Milán. Lo miró durante diez kilómetros sin añadir nada. Ra-fa-el Vi-dal. Un hombre de Sevilla que había muerto a los cincuenta y dos años con el mismo patrón encima.
A su lado, Matteo había abierto el portátil. El historial de gastos del fondo discrecional de presidencia desplegado en la pantalla.
El tren corría hacia el sur. Bérgamo quedando atrás.
En el hotel de Milán, Isidora abrió