El despacho interior del departamento de diseño tenía la luz de las seis de la tarde.
Esa luz específica de octubre que se horizontalizaba y hacía todo levemente más cálido de lo que era. Que hacía las paredes más próximas y el espacio más pequeño de lo que en realidad medía.
Matteo entró a las seis y dos minutos.
Isidora estaba de pie frente al tablero de corcho con el lápiz en la mano y la expresión de alguien que lleva un rato mirando algo sin verlo del todo porque tiene la cabeza en otro si