34. La Propuesta de Escape
Diego esperó hasta que Isidora se calmara completamente antes de soltarla. Le ofreció un pañuelo limpio y esperó pacientemente mientras ella se secaba las lágrimas y recuperaba la compostura.
—Lo siento —dijo Isidora con voz ronca—. No debí derrumbarme así.
—No tienes que disculparte por ser humana —Diego se levantó y fue hacia su escritorio—. ¿Quieres más agua? ¿Café?
—Estoy bien. Gracias.
Se quedaron en silencio durante unos minutos. Isidora miraba por la ventana del estudio, observando cómo l