—¿Cómo no? Así es más respetuoso. —Y también ríe—. Ya creo que hasta me gusta. —Ella lo mira mal.
—Deberías irte, para que descanses. —Se levanta y él también.
—Está bien. —Sonríe amablemente—. Pero tú eres la que debe descansar. —Y se dirige a la ventana.
—¡Oye! —Llama su atención—. Siempre te cuento de mí, pero no hablas mucho de ti. —Lo mira de forma desconocida.
—Mi vida no es muy interesante, me gusta escuchar a los demás... Pero algún día con gusto, que tenga buenas noches señorita Ryan.