Ella me mira a los ojos y veo inseguridad en su mirada. Asiente con la cabeza y me extiende la mano.
—Yo misma renunciaré —dice. Intento tomar su mano, pero no puedo.
De cierta manera estoy alegre por alejarla de mi padre y por otro lado, ella sabe todo sobre este trabajo. No pensé que ella cedería tan fácil.
—Bien ahora abre la puerta —exigo. Ella se pone de pie y avanza hacia la puerta.
—Edu deberías de pedir un taxi a tu casa —su voz suena apagada.
Es en estos momentos que me gustaría tener