Capitulo:Cruce de amenazas
La puerta de la oficina se cerró de un golpe brutal.
Fátima Lombardí apenas tuvo tiempo de quitarse las gafas de sol cuando Fabricio Castiglioni la encaró, furioso.
La rabia le brotaba por cada poro.
—Necesito plata —escupió sin vueltas.
Fátima lo miró de arriba abajo, con una sonrisa torcida.
—¿Se te casó tu ilusa y estás herido? —se burló, su voz era dulce como veneno—.
Pobrecito.
Anahir eligió bien… se casó con un hombre de verdad.
No con un pobre idiota que la usa