Despertar abrazado a Anahir era, para Nicolás, como ganar la Copa del Mundo.
Así, sin exagerar.
No había oro, ni medallas, ni aplausos.
Solo su corazón latiendo lento y sereno.
Solo ella, enredada en sus brazos.
Solo paz.
La miró, adormilada, con el cabello revuelto, la respiración tranquila, y una pequeña arruga de sueño en la frente que no podía parecerle más hermosa.
Sonrió, con esa sonrisa que le nacía solo para ella.
Le acarició el rostro, lento, como quien tiene miedo de ro