Capítulo — Voces y Latidos
La hacienda estaba en silencio. Solo se escuchaba el zumbido lejano de los grillos y el vaivén del viento entre los eucaliptos. Julia estaba recostada en la cama, sin poder dormir, con una mano sobre su panza de cinco meses y la otra acariciando el celular,como si esperara algo que necesitaba.
Le hablaba bajito a su bebé, como si pudiera escucharla ya.
—Estamos buscando a tu papá, ¿sabés? —susurró con una sonrisa débil—. Y lo vamos a encontrar. Papá va a aparecer.