Capítulo — El Abrazo de Casa
La tarde en Montevideo no tenía el silencio de las playas de Ibiza. Todo era ruido: autos acelerando, ómnibus llenos, bocinas impacientes, vendedores ambulantes que ofrecían su mercadería con gritos, carteles luminosos encendiéndose de a poco mientras la ciudad caía en la rutina del atardecer. El cielo, sin embargo, estaba despejado, de un celeste limpio que parecía darle a Julia una bienvenida distinta.
El taxi se detuvo frente a la casa que había sido su hogar