Capítulo: Hijos de Hierro y Esperanza
El sol caía sobre el taller, tiñendo los hierros apilados con un tono naranja envejecido que a Edinson siempre le gustó.
Afuera, el canto de los pájaros se mezclaba con el eco de algún martillazo lejano. Pero adentro, el silencio era distinto. No era un silencio de ausencia, sino uno que se escuchaba con el alma.
Dante y Bruno,unos hombres, casi profesionales —uno a punto de recibirse de arquitecto, el otro de ingeniero— estaban allí, sentados con tazas d