Capítulo: Lo que no se dice
La mañana se abría con la tibieza de un sol amable y el aire perfumado por los naranjos del barrio. Elsa caminaba por la vereda de siempre, con una bolsita de tela colgando del brazo, camino al mercado, como cada lunes después de la boda de su hijo. Aunque la fiesta había quedado atrás, en su corazón todavía danzaban los ecos de los abrazos, los aplausos, y la risa de Alejandro mientras la invitaba a bailar.
Cruzando la calle, a pocos metros de la placita frente a la