Luz entre nosotros
Afuera, el sol seguía en lo alto, pero la luz comenzaba a suavizarse. Las fotos familiares, los abrazos, los saludos y las carcajadas continuaban a la salida de la iglesia. Todo era amor extendido como un mantel largo que cubría a todos los invitados.
Pero Alejandra, entre sonrisas y besos en la mejilla, sintió algo. Fue un estremecimiento sutil en la nuca, una especie de roce invisible que le hizo girar la cabeza hacia la plaza cercana.
Miró hacia los árboles, hacia los