Capítulo: Promesa de Luz
La mañana amaneció sin nubes. Como si el cielo mismo supiera que ese día no estaba hecho para tormentas, sino para las promesas.
En la habitación donde los suspiros flotaban como perfume, Alejandra se miraba en el espejo, con el corazón galopando como un caballo desbocado.
El vestido caía perfecto sobre su piel. Elegante y sobrio, de satén marfil con un escote off-shoulder que dejaba sus hombros descubiertos y la hacía verse etérea. El corset marcaba su figura de forma