Capítulo – El Eco del Vacío
La celda no tenía reloj, pero el tiempo dolía igual.
Fabricio se sentó en el rincón más oscuro del calabozo, con la espalda pegada a la pared húmeda, mirando al piso como si ahí pudiera encontrar alguna respuesta. Alguna excusa. Algún perdón. Pero lo único que hallaba era el peso de su propio nombre.
Fabricio. El imbécil. El idiota que destruyó todo.
Se lo repetía en silencio mientras repasaba mentalmente los nombres que había pisoteado: Alejandra. Nicolás. Anahir. Y