La aventura en la biblioteca me dejó temblorosa, pero no había tiempo para pensar en ello. Clara y yo teníamos que volver corriendo a clase antes de que alguien notara nuestra ausencia.
Nos escabullimos al laboratorio de química justo cuando sonó la campana, ganándonos una mirada severa de nuestra profesora, la señora Ojo, nuestra profesora de África.
—Llegan tarde —dijo con tono plano, su voz cortando la charla.
—Lo siento, ma —respondió Clara rápidamente, tirando de mí hacia nuestros asientos