La casa estaba demasiado silenciosa.
Demasiado grande, demasiado vacía. El tipo de silencio que te ponía inquieto, como si las paredes mismas estuvieran escuchando.
Y entonces, débilmente, algo lo rompió.
Al principio pensé que solo era la casa asentándose. Pero no. Un sonido suave, casi como un suspiro. Luego otro, más agudo, más alto.
Me congelé. Mis cejas se fruncieron. ¿Alguien estaba llorando?
Seguí el sonido. Pasé el largo pasillo bordeado de retratos familiares, mis pasos casi demasiado