—¿Disfrutando la vista?
Su voz me atravesó como una cuchilla.
Me congelé. Liana no se había girado, pero inclinó la cabeza lo suficiente para que supiera que me había visto en el espejo sobre el tocador. Se me secó la garganta, mi pulso se aceleró.
—Yo, eh… solo estaba… —tartamudeé, palabras inútiles saliendo de mi boca.
Finalmente, se giró, lenta y deliberadamente. Sus ojos se clavaron en mí, sin enfado, sin sorpresa, solo afilados y curiosos. El tipo de mirada que decía que ya me había evalua