¡Dámela toda!

El balcón se encontraba a la izquierda de todo del salón. Para acceder a él había que cruzar un gran ventanal que mantenía cubierto por también una gran cortina naranja oscura. Una vez afuera, lo primero que hice fue respirar de manera aparatosa, consiguiento sacarle una pequeña carcajada a Fer. Cuando terminó de reír, me quiso imitar; pero terminó estallando de risa de nuevo. Yo me reí con él y le solté

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