¡Decencia, cabrones!

—Vale, es cierto. Le mandé mensajes a su mujer. Vi peligrar el cómodo estilo de vida que estaba empezando a tener y tomé cartas en el asunto. Te dije que no me iba a volver a pasar lo mismo de nuevo, ¿no? Pues en ese momento vi a esa señora de la misma forma que a los padres de Pau, como a una amenaza. Santiago me llevaba a hoteles con piscinas, jacuzzis, bufet libre gratis y demás lujos a los que yo no estaba acostumbrada. Por eso, cuando un d&

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