Salomé rio conmigo y nos volvimos a besar. Cuando terminamos, se fue a seguir haciendo las cosas de la casa y yo me dispuse a prepararme para el trabajo. Sabía que todavía teníamos mucho de lo que hablar, pero no había por qué apurar las cosas. Si algo me había quedado claro esa mañana, era que Salomé estaba más que dispuestas a retomar el curso normal de nuestras vidas, y yo estaba más que preparado para ayudarla a conseguirlo.
Cuando terminé con lo mío, me uní a ella en sus tareas y terminamo