08:40 hs. - Damián.
Negro, el horizonte se alzaba negro. Pero no un negro provocado por la falta de iluminación, no, se trataba de un negro absoluto. La nada misma. Un panorama desolador para cualquier que lo viera. Y la escena no terminaba ahí; sobre un costado, muy cerca de mí, muchos rostros desfilando. La oscuridad era infinita. Aunque, por alguna razón, podía ver con claridad quiénes eran.
—¡¿Qué miras, gilipollas?! —me gritaba Alejandra desde muy lejos.
—¡Damián! ¡Damián! ¡Aquí estoy, Dam