º|º Piero º|º
El motor del coche aún retumba en mi cabeza cuando atravieso las puertas de la mansión, un rugido que no logra apagar el fuego que me consume. Milán brilla allá fuera, una ciudad que me pertenece, pero aquí dentro, en este maldito mausoleo de mármol y sombras, no hay nada más que vacío.
Mis zapatos resuenan en el vestíbulo, cada paso un eco de la rabia que me hierve en las venas. Mis nudillos, aún rojos por la sangre de Adriano Moretti, palpitan como un recordatorio de lo que no p