º|ºAdrianoº|º
El estacionamiento subterráneo huele a gasolina y concreto húmedo, un mausoleo de sombras que se traga el eco de mis pasos. Son las nueve de la noche, y Milán está viva allá arriba, pero aquí abajo, en el vientre de este edificio, el mundo se siente muerto. Mi maletín pesa en la mano, los documentos de la reunión de hoy todavía zumbando en mi cabeza. Proyectos, números, metas. Todo tan ordenado, tan predecible. Hasta que el chirrido de neumáticos rompe el silencio.
Dos coches negr