º|º Adriano º|º
No dormí nada.
La rubia peligrosa se quedó a mi lado toda la madrugada, hasta que, inevitablemente, amaneció. Cuando miré hacia abajo, allí estaba, dormida, su cabeza apoyada sobre mi brazo, y aquellos labios carnosos llamándome silenciosamente. Si bajaba la vista un poco más, esos pechos tentadores no dejaban de decirme cosas, muchas cosas que no debería estar pensando.
Decidí que lo mejor era abandonar la cama ahora que podía, escapar de sus garras. Porque, incluso dormida, es