3: Las manos en su polla
Mark llegó a casa antes de lo habitual esa noche. Se sirvió una copa y me abrazó en la cocina, paseando las manos por mi cuerpo como si se acabara de acordar de que existía. Su boca buscó mi cuello, justo en el punto que Liam había marcado horas antes.
Me aparté. —Hoy no. Me duele la cabeza.
Se lo tomó sin darle importancia, volviendo a coger el portátil. —Vale. Liam ha cerrado las firmas hoy como un campeón. Ese tío es un fiera. —Se rió.
Sonreí y me fui arriba sol