2: Dedos en la mesa
Habían pasado tres días y no podía dejar de pensar en Liam.
Estaba en el salón revisando muestras para la reforma cuando volvió a sonar el timbre.
Abrí.
Liam estaba allí con un traje gris marengo y la corbata lo suficientemente floja como para enseñar la base del cuello. Sostenía un sobre grueso. —Mark necesita tu firma en el anexo de la propiedad. Dijo que te estabas encargando de las aprobaciones de los contratistas.
Lo dejé entrar sin mediar palabra. La puerta se cerró c