La mañana llegó demasiado rápido. Me desperté con la piel todavía sensible por lo de la noche anterior. Me apresuré a la cocina, con la esperanza de mantenerme ocupada y actuar como si todo fuera normal. Mi hermana, Sarah, ya estaba allí. Estaba sentada en la pequeña mesa del desayuno, bebiendo café y revisando su teléfono.
—Buenos días, June —dijo con una sonrisa radiante—. Te levantaste temprano. Qué madrugadora.
Sonreí. —Pensé que habías tomado tus pastillas y que te quedarías en la cama has