—¿Solo la punta? —pregunté, con la voz apenas en un susurro—. Si la metes toda, lo cancelo. Lo digo en serio, Mark.
—Solo la punta. Lo juro —dijo él, con una expresión de alivio cruzando su rostro.
—Y es la última vez —añadí, tratando de sonar firme—. La próxima vez que estés cachondo, vas con tu esposa. No vengas a mi cuarto. ¿Te quedó claro?
—Sí. Perfectamente claro —respondió.
Me dio la vuelta para que quedara de cara a la pared. Apoyé la frente contra los azulejos mojados, con el corazón ma