AMANDA
A la mañana siguiente desperté con un dolor de cabeza de los mil demonios, había dejado la cortina abierta así que la luz del sol se filtraba por allí aumentando mi malestar.
Hale la tela de un tirón para cerrarla, pero tal parece que no medí la fuerza que use y por poco y terminó con la cabeza rota a causa del tubo en la ventana, por suerte me moví lo suficientemente rápido para evitarlo.
Ahora todo el cuarto estaba iluminado con los encantadores rayos de la estrella que se veía en la a