EMILIANA
Llegué a mi trabajo veinte minutos tarde, las secretarias me observaban divertida y extrañadas pues la impuntualidad no era un rasgo de mi impuntualidad.
La reunión semanal que teníamos entre todos los abogados senior del bufete estaba por comenzar y si no me daba prisa Alejandro Cagliari no se tocaría el corazón para tirarme una reprimenda frente a todos.
La sala de juntas estaba al final del pasillo, en el camino se me unió una castaña alta y delgada que me miraba con diversión al ve