AMANDA
Debía hacerme una limpia lo más pronto que pudiera, incluso me atrevería pedirle a Joshua el número de un chamán, porque oficialmente no existía nadie con peor mala suerte yo.
Pongamos todo en contexto, estaba charlando con mi vecina, una mujer a la que no soportaba ver ni en pintura y el sentimiento era indudablemente recíproco.
Y, aun así, mi cuerpo había reaccionado de una forma extraña ante su presencia, por un momento me olvidé hasta de cómo me llamaba, lo único presente era Emilian