Capítulo 5

AMANDA

Había muchas cosas de las que me arrepentía en mi vida: ser demasiado quisquillosa a la hora de salir con alguien, no poder estar en mis cinco sentidos sin una buena taza de café, dejar todo para último momento, esconderme cuando algo me molestaba… En fin, la lista era extensa. Sin embargo, estaba segura de que nunca me arrepentiría más en vida que por lo que estaba a punto de hacer; debía estar muy loca como para permitir que Joshua me convenciera de venir aquí. Observé el letrero del pub donde habían impreso el nombre en letras doradas: Shamrock, era un bar irlandés al que solíamos venir cuando teníamos tiempo libre.

Tenía entendido que el dueño era amigo de uno de los chicos de la banda, aunque no podía de recordar de cual exactamente, podía escuchar la música anima y las risas del resto de los invitados desde allí. Miré mi ropa por quinta vez en la noche para asegurarme que me lucia lo suficientemente bien, si me encontraba con mi ex no quería dar la apariencia de que me había estancado desde que terminamos. Llevaba puesto unos pantalones de gabardina con corte recto que me llegaban a la altura de la cintura junto con un top negro que se anudaba a mi cuello y unos tenis blancos, también usaba un bléiser de estilo tweed marrón. El cabello iba recogido en un moño bajo y había hecho el intento de tapar mis ojeras con correcto, no funciono.

No estaba cien por ciento segura de transmitir una vibra segura e inalcanzable. Ni siquiera comprendía porque perdía mi tiempo en esas nimiedades, nunca había sido del tipo de chica que se preocupaba por demostrarle algo a los demás, principalmente porque no existía nadie a quien probarle algo. ¡Cumpliría 28 años en un par de meses, por dios! Debía comenzar a comportarme como una adulta por mucho que odiara esta parte de mi vida, porque si, la adultez apesta, no dejen que las series estadounidenses los engañen. Empezaba a sudar como si me encontrara dentro de un horno a 250 grados, me di la vuelta dispuesta a marcharme de aquí, pero la mano de Joshua me sostuvo por el codo impidiéndomelo.

—¿A dónde crees que vas? —preguntó enarcando una ceja.

—¿No es obvio? —Me miró confundido, lo que me hizo soltar un suspiro. —A mi casa, lo siento, pero no puedo con esto. —afirmé cruzando los brazos sobre mi cuerpo para protegerme. Joshua se quedó unos minutos allí parado observándome, sin decir una sola palabra, tanto silencio me desesperaba y comencé a golpear el suelo con la punta de mi zapato.

—Deja de morderte el labio, te harás daño. —ordenó con el ceño fruncido, pero después lo relajo. —Ven aquí. —dijo deslizando una mano por mis hombros. Cuando hablo lo hizo en voz tan baja, que tuve que ponerme de puntillas para escucharlo. —Se que es difícil para ti verla de nuevo, pero debes hacerlo por ti, no por ella. Demuéstrate que a pesar de todo continuaste sin su presencia, que no te rompió al irse. —Me apegó más a él en un abrazo. —Si en una hora aun quieres irte, con gusto te llevo a casa.

Asentí y caminamos a la entrada, pero antes de abrir la puerta Joshua volvió a halarme del brazo, lo observé confundida. ¿No quería entrar de una vez? A lo mejor empezó a ver las cosas igual que yo y se dio cuenta que todo esto era una soberana locura, mis esperanzas murieron cuando lo vi acercarse a la puerta y abrirla, me dedicó una sonrisa torcida.

—Recuerda que siempre estaré para cuidarte la espalda. —susurró cuando pasé a su lado. Esboce una sonrisa y ambos nos internamos en el bar.

Debía reconocer que Katherine si sabía cómo organizar una fiesta, eso y que conocía mucha más gente de lo que esperaba. Había al menos unas cien personas aquí dentro, el lugar estaba abarrotado y por lo que vi al llegar, aun había una larga fila de personas afuera que esperaban por entrar. Joshua y yo nos movimos entre en el tumulto de personas, mi amigo me sujetaba por la mano para evitar que me perdiera entre el desastre.

La música sonaba con delicadeza por los altavoces, permitiéndole a todos conversar sin tener que gritar para hacerse oír, los meseros iban de un lado a otro llevando jarras de cerveza y algunos platos de comida, incluso me pareció ver que habían encendido una de las chimeneas, lo que producía un ambiente acogedor. La decoración era una especie de mezcla entre lo rudo y lo vintage, por un parte parecía una especie de cabaña de cacería (aunque sin las cabezas de animales colgadas en las paredes) y por otra una especie de cafetería de los años noventa, con teléfonos retro y una gama de colores marrones, beige y blancos. Me encantaba.

Había una especie de tarima en el centro de la habitación y los instrumentos de la banda ya se encontraban allí. Tardamos bastante en dar con Katherine, queríamos verla antes de subiera a tocar, pero al fin la encontramos en una mesa del fondo charlando con unos amigos. Nos acercamos sigilosamente para sorprenderla y la hicimos pegar un brinco del susto, Joshua soltó una carcajada que yo imite, aunque me tape la boca con la mano al notar la mirada para nada amigable de Kat.

—¡Maduren! —nos gritó enojada, pero terminó por componer una sonrisa y se levantó de la silla para darme un abrazo y saludar con un pico a Joshua.

Esos dos llevaban una relación intermitente durante el último año, todos a su alrededor sabíamos que salían, pero insistían en solo eran amigos. Aunque, por lo que me había contado Joshua, se mantenían en constante viene y va, al parecer era por eso que no habían confirmado nada, él decía que no era para tanto, pero las lágrimas que había dejado en mi almohada la ultima vez que discutieron me decían otra cosa. El grupo se abrió para hacernos espacio a ambos, luego de los saludos correspondientes nos quedamos conversando sobre cosas banales, me sentí cómoda inmediatamente pues todos eran muy amables. Mi talón de Aquiles aun no había llegado, así que me di el lujo de relajarme.

—¡Camilo! —Volteé la cabeza para mirar a Kat que saltó de su asiento, corriendo hacia los brazos de un hombre rubio que acababa de llegar; observé a Joshua en busca de una respuesta pues para mi era un total desconocido.

<> articuló con los labios.

—Amigos, quiero presentarles a mi hermano mayor Camilo Pascualli. —dijo dándole un ligero empujón al hombre para que se integrará con el resto.

—Un gusto conocerlos. —respondió a modo de saludo. Sonrió encantadoramente, permitiéndonos ver una hilera de dientes blancos y perfectamente alineados; quizás era modelo de Colgate, todos le devolvimos el saludo con la misma cortesía. Vi como Katherine asentía, satisfecha al ver como integrábamos a su hermano, para luego juntar las cejas en un gesto de desconcierto, giró la cabeza de un lado a otro buscando a alguien.

—¿Dónde está ella? Creí que habíamos logrado convencerla para que viniera. —dijo mirando a su hermano con una expresión asustado.

—Tranquila, vino conmigo, solo fue a buscar un trago. En sus palabras textuales: Para soportar este intento de música. —afirmó Camilo riendo.

La noche fue avanzando y pronto llegó el momento de que Kat se presentará con el resto. Nos movimos hacía la parte de enfrente de la tarima, el pub ya estaba completamente llenó, a penas y podíamos avanzar sin pisar a nadie en el proceso, cada uno llevaba una jarra de cerveza lo que dificultaba aun más todo. Las luces se atenuaron y un foco iluminó a los miembros de la banda, quienes fueron recibidos con a aplausos efusivos, que respondieron con sonrisas y saludos. Se ubicaron en sus respectivos puestos, Kat todavía se veía nerviosa y pasaba la mirada en el publico buscando a alguien; de pronto sus ojos enfocaron un punto detrás de mí y la expresión en sus ojos se suavizo. Me giré para ver a la persona que lograba tal preocupación en mi amiga, fue fácil porque estábamos como sardinas en lata.

Casi dejo caer la bebida, abrí mucho los ojos, definitivamente no era mi día. Una mujer de cabello corto se acercó a nuestro grupo, colgándose del cuello de Camilo y dejando un beso en su mejilla, al igual que nosotros traía un vaso entre sus manos, aunque el líquido parecía whisky. El rubio pasó un brazo por su cintura, tenía una sonrisa picara en sus labios y comenzó a entablar una conversación ella. Me incline un poco para poder escucharlos.

Y sí, soy consciente de que no se deben escuchar conversaciones ajenas, pero también tengo altos niveles de curiosidad. Ya me han metido en problemas antes, nunca aprendo.

—¡Que bueno que llegaste, sorella! Kat empezaba a pensar que la dejaste plantada. —dijo Camilo negando con la cabeza, como si la simple idea fuese inconcebible para él.

Así que su vecina, Emiliana Basile, era la famosa de hermana de los Pascualli, el mundo sí que podía ser un pañuelo muy, pero muy pequeño. No había que ser muy listos para darse cuenta que biológicamente no compartían ningún tipo de ADN, pues físicamente no había similitudes entre ellos. Me sorprendió la camaradería con la que se trataban, debían conocerse desde hace mucho tiempo. Emiliana abrió la boca para responder, pero en ese momento comenzaron a sonar los primeros acordes de la canción y no pudo hacerlo. Decidí que ya había escuchado lo suficiente y me moví adelante, aprovechando que todavía no reparaban en mi presencia.

Miré el escenario y fruncí el ceño al no ver a mi ex por ninguna parte, no que deseara hacerlo, pero me extrañaba que no estuviese tocando con el grupo. ¿Los dejó acaso o la echaron? En su lugar, había un chico de piel morena y rastas en todo el cabello; quería continuar como mi obsesiva investigación y entonces Katherine se acercó al micrófono y empezó a cantar, la letra de its my life de Bon Jovi inundó todo el ambiente. Fue como si una explosión de placer inundará el bar, el silencio y la música se combinaron, llenándose mutuamente; siempre supe que mi amiga era talentosa, pero en aquel instante, cantando ese cover, me pareció que su voz flotaba a la deriva, internándose en cada una de las almas allí presentes.

Pasado el shock inicial empezamos a corear la letra, animando a la banda para que continuara. En algún punto sacamos nuestros teléfonos apuntando nuestras linternas al centro, por un momento me olvide de la razón porque no quería venir en primer lugar. Me parecía estar suspendida en el tiempo, como si no existiera más continuidad que el presente e internamente sabía que jamás en mi vida volvería a ser participé de una experiencia igual. Cuando llegaron al estribillo todos estábamos saltando al ritmo de la canción, podía sentir como el alcohol comenzaba a hacer efecto en mi sistema y tomé la mano de Joshua para que nos uniéramos a la algarabía.

—¿Te estás divirtiendo? —gritó Joshua para hacerse oír por encima del escándalo. Asentí con la cabeza, ya que me era imposible articular una sola palabra; estaba en una especie de trance, así debían sentirse los drogadictos cuando se metían un viaje.

La canción terminó más rápido de lo que me hubiese gustado, el publico (incluyéndome) estalló en aplausos y palabras de aliento para los chicos; Kat volvió a inclinarse sobre el micrófono, pero esta vez para dedicarnos un pequeño discurso de agradecimiento. Se veía radiante, con el cabello pegado a su rostro por el sudor y las mejillas sonrojadas a causa del esfuerzo, tenía una sonrisa de esquina a esquina. Un sentimiento de orgullo me embargo al verla allí arriba, tan hermosa y segura de lo que hacía; posó la vista sobre mi y aproveche para mandarle un beso.

—Muchas gracias a todos por estar aquí hoy, nada de esto hubiera sido posible sin la asistencia de cada uno de ustedes—afirmó emocionada. —¿Les ha gustado? —preguntó moviendo el micrófono en dirección al público.

—¡SI! —respondimos a una sola voz.

—¿Quieren otra? —preguntó de nuevo.

—¡SI!

—Bueno aquí les va una de mis favoritas. Uno, dos… ¡Un, dos, tres! —El guitarrista comenzó a tocar las primeras notas de una canción que todos conocíamos, los gritos fueron aun más grandes que con la primera: i wanna be your slave de Maneskin sonaba con potencia. Las personas comenzaron a adelantarse al escenario y por mucho que me gustaba, no era lo suficiente como para morir aplastada gracias a ellos.

—¡Voy a fuera! —le grité a Joshua señalando la salida trasera del lugar, él levanto los dos pulgares, aunque dudaba que me hubiese oído.

Tuve que empujar a varias personas para poder salir, algunas me miraron enojadas por interrumpirlos e incluso creo que pisé a un par, cuando por fin lo logré caminé hasta la parte de atrás. El aire frio de otoño golpeo mis mejillas por lo que agradecí el llevar algo que me protegiera, había un cajón de basura en una de las esquinas y procuré alejarme lo suficiente; me apoyé sobre una de las paredes, solté un gemido en cuanto mi espalda chocó con la fría superficie, pero me relaje inmediatamente. En comparación con el interior del bar, afuera estaba muy silencioso, lo único que escuchaba eran los restos de la música que llevaba hasta ahí.

Metí mi mano en uno de los bolsillos del bléiser y saqué una caja de cigarrillos que guardaba para ese tipo de ocasiones, lo encendí y me lo llevé a los labios dándole una calada, inmediatamente se formó una pequeña nube de humo frente a mí, el olor me relajó. Me dediqué a observar las estrellas, buscando constelaciones en el firmamento mientras me terminaba el cigarro. Estaba tan distraída, que no me di cuenta que alguien salía del local y caminaba en mi dirección, hasta que la silueta se paró frente a mí.

—¿Me compartes uno, por favor? —Emiliana Baseli me observaba con su habitual expresión traviesa en el rostro.

¿Alguna vez esta mujer se tomaba algo en serio?

Debí haber mentido, diciéndole que se habían acabado, pero no era tan maleducada como para hacerlo; llevé mi mano de nuevo al bolsillo y le tendí la caja completa, por el rabillo del ojo noté que Emiliana seguía todos mis movimientos. Sacó uno de los cigarros llevándoselo a la boca y se inclinó hacía mi para que lo encendiera, las manos me temblaban cuando levanté el encendedor, apretándolo para crear una chispa. Emiliana se alejó dándole una calada, sentí que el aire me abandonaba los pulmones y la garganta reseca. Por alguna extraña razón no pude apartar mis ojos de la forma que adoptaron sus labios cuando expulsó el humo, lentamente; el inferior era más relleno que el superior y…. Y yo no debía estar fijándome en eso.

Aparté la mirada, aunque no podía negarlo, la imagen era lo más sexy que había visto en toda mi vida. Le di otra calada a mi propio cigarro, esperando que la nicotina se llevará la tensión que se había instalado en mis hombros. Me preguntaba si también salió huyendo del tumulto de gente, lo más probable era que no, todo en ella mostraba carisma y seguridad, dudaba mucho que alguna vez se sintiera incomoda en alguna situación.

—¿No te gustan las grandes multitudes? —preguntó de pronto, sacándome de mis propias cavilaciones.

—¿Por qué crees eso? —indagué a la defensiva. Me molestaba que supusieran cosas de mi tan a la ligera y más cuando eran totalmente acertadas; Emiliana clavó sus ojos zafiro sobre mí y sonrió. No era una sonrisa coqueta, a esas ya me había acostumbrado, sino compresiva.

¿Emiliana Baseli es capaz de empatizar con otros? Quién lo diría.

¿Ahora quién es la que está suponiendo cosas sin ningún tipo de fundamento? Susurró una voz burlona en el fondo de mi mente. La aparte y me enfoqué en Emiliana, esperando por su respuesta esta soltó una risita y se acercó más hacia mí. Pronto solo nos separaban unos cuantos metros, aunque para mi gusto seguíamos estando demasiado cerca.

—Porque yo estoy haciendo lo mismo. —respondió encogiéndose de hombros, como si la respuesta fuese una simple observación y nada más.

El humo había salido de su boca y chocado contra mi rostro, me estremecí y un gemido se quedó atorado en mi garganta, los ojos de Emiliana brillaban con complacencia ante la reacción de mi cuerpo. De pronto se oscurecieron y empecé a sentirme como un animal enjaulado, quería moverme, pero mis extremidades no me obedecían, estaba hipnotizada por esta mujer, atrapada entre sus garras.

¿Pero quién tiene a quién en qué jaula?

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