EMILIANA
—¿Y con sus hijos? —pregunté, la mandíbula de Polienni se tensó, había tocado otra fibra sensible. Me recosté sobre el espaldar de la silla, ahora si empezábamos a llegar a alguna parte. —Debió ser duro para ellos acostumbrase a que una intrusa viviera en su casa. —El alcalde adoptó una actitud ofendida, tal parecía que mis palabras habían calado en él y mucho.
—Roberto y Lilianne adoraban a su prima, desde el primer momento que Venecia entró por la puerta, ellos la trataron como una m