AMANDA
Los minutos pasaban y nada que aparecía Diana, hace quince minutos se había cumplido la hora en la quedamos vernos. Mire entre las personas, tratando de buscarla, sin mucho éxito.
Rechine los dientes, siempre hacía lo mismo, nunca tuvo el menor sentido de la puntualidad. Empezaba a pasar vergüenza, pues ya habían pasado varios meseros preguntándome si quería algo y todo el tiempo debía responder de la misma forma:
No, estoy esperando a alguien, se le hizo un poco tarde. Decidí que espera