EMILIANA
—Que me hayas traído aquí prometiéndome un buen desayuno ha sido la peor de tus trampas hasta ahora, papá. —afirmé sentándome en la silla que me ofrecía, él le dio la vuelta a la mesa y tomó asiento frente a mí.
La comida aun no estaba servida, pero la mesa ya se encontraba puesta y hacía un día increíblemente hermoso.
No se lo confesaría a mi padre nunca, pero desde este lugar de la casa daba una vista total de todo el pueblo, a tal punto que parecía un pueblito de juguete, me emocion