Y tras aquel jocoso comentario, la ronca carcajada del menor se hizo resonar. Por supuesto, no dejando de ser excitante para los oídos del joven profesor, quien, sin ningún tipo de inhibición, cogió la erección entre sus manos y le otorgó un par de leves masajeadas. Los ojos marrones cerrándose mediante el toque se prolongaba, y sus labios separándose para, por consiguiente, dejar salir unos apenas audibles jadeos.
- Uhm, - soltó, su observación volviendo a ser efectiva cuando notó que, desde l